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Archive for the ‘Poesía’ Category

El Piano del gato nos remite a la poesía bohemia en toda su imagen, de hecho la historia en si es un poema de Eddie White, solo pasado a la animación y que animación.

La historia es simple: en una ciudad de música y gatos, una oscura figura comienza a acechar a todo aquél felino cuya voz sea un arrullo melodioso, entre tanto un pobre diablo, cegado por amor, en su busqueda de inspiración descubre la diabolica máquina detrás de esta amenazadora sombra.

Año 2009
Dura 8:00
Compañías productoras star-bullet The People’s Republic of Animation
star-bullet Magic Films
Inversionistas star-bullet Adelaide Film Festival
star-bullet South Australian Film Corporation
Dirigida por Eddie White & Ari Gibson
Narrada por la voz de Nick Cave
Un poema de Eddie White
Productora Jessica Brentnall
Los meros meros Nick Cave, Sam White & Hugh Nguyen
Director de Arte Jason Pamment
Los que se rifaron animando Ari Gibson, Makoto Koji, Alex Grigg, Benjamin Drake & Brodie McCrossin
Manager de producción Renee Boucher
Diseños de personajes por Ari Gibson, Eddie White, Makoto Koji & Alex
Grigg
Lo edito Jeremy Hill-Brooks
El score va para Benjamin Speed
Supervisor de sonido Robert Mackenzie
este diseño el sonido Tom Heuzenroeder
Composociones y VFX Ben Steele, Raynor Pettger & Leath Mattner
Creada sobre WACOM

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Y vamos, no me negarán que los nueve meses que nos llevaron dentro (y hasta los 3o y tantos años de vida algunos extraños) no se deben agradecer.
Hoy 10 de mayo los floristas harán su Agosto, los restaurantes recuperarán parte de las pérdidas monetarias en horas, las confiterías tendrán ganancias extras, el área de damas de cualquier tienda departamental estará repleta de compradores muy a pesar de las restricciones de frecuentar las masas.
Las Manos de Mi Madre
de Alfredo Espino

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.

¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!


Cuando ya no encontremos esos brazos que nos reciban con lágrimas o con sonrisas, cuando ya no tengamos las reprimendas que sólo una madre sabe dar cuando hacemos algo realmente malo o vergonzoso, tan fuertes, pero tan dulces a la vez. Las hacemos enojar muchas veces , les damos malas noticias, malas calificaciones…las decepcionamos por diversas situaciones. Es verdad, nunca valoramos realmente a las personas hasta que ya no las tenemos, en especial a las querídas madres.

Muchos tendrán una madre que a veces la hace de padre, con doble carga, con doble responsabilidad y que aún así, a pesar de todo intentan dar la mejor cara, aún a pesar de no quererlo, terminan dándo su mayor esfuerzo en cada situación de la vida, suelen tropezar, pero está bien, es de humanos el errar. Son chefs, enfermeras las 24 horas, psicólogas, consejeras matrimoniales, maestras…todo por los hijos que algunas veces, para agradecer todos los cuídados, todas las angustias… simplemente desaparecen de sus vidas.

No hay madre perfecta, la perfección nunca ha existido, pero ¿para qué necesitar una madre perfecta?, si toda la humanidad y la ternura que se nos puede mostrar ésta en aquella mujer. Aquella mujer que deja su condición de mujer para dedicar sus años a nosotros.

Yo en lo personal, aunque soy algo mala para ello, tengo muchas cosas que agradecerle, nunca con las palabras correctas para hacerlo y es que…¿cómo unas palabras, una comida y unas flores van a bastar para agradecer años de existencia?, años de ver las locuras, años de ver la rebeldía adolescente, años de ver demasiados tropiezos…

Muchas gracias por ser el ángel que siempre está ahí.

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